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| PERROS/CRONICAS
PERRUNAS /AMAR A LOS ANIMALES |
Amar a los animales
(Segunda y última parte)
Los escritores místicos, aquellos que se refieren en sus
obras a una peculiar unión del alma humana con Dios, tomaron
en sus manos la difusión de la antigua tradición cristiana
del amor hacia los animales. En el Símbolo de la fe,
libro escrito por Fray Luis de Granada en 1583, varios capítulos
se refieren a las "criaturas que el Creador formó con
los mejores atributos y de las cuales puede aprender el hombre".
Dichos capítulos tratan concretamente de las habilidades
que los animales tienen para mantenerse y para curarse en sus enfermedades;
de las armas que tienen para defenderse, y de las "habilidades
y facultades que la divina providencia les dio para la criación
de sus hijos".
El poder imantatorio de los animales llevó a poetas como
Ted Hughes y Pablo Neruda a desarrollar una parte considerable de
su escritura alrededor de estas criaturas. El poeta inglés
fue un gran observador del campo y de los animales, a los cuales
dedicó casi 500 páginas del conjunto de su obra. Como
Hughes, Neruda vivió la presencia de la naturaleza y la convirtió
en un elemento fundamental de su poesía:
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Yo tendría unos diez años pero ya era poeta.
No escribía versos pero me atraían los pájaros,
los escarabajos, los huevos de perdiz. Era milagroso encontrarlos
en las quebradas, empavonados, oscuros y relucientes, con
un color parecido al del cañón de una escopeta.
Me asombraba la perfección de los insectos. Recogía
las madres de la culebra. Con este nombre extravagante se
designa el mayor coleóptero, negro, bruñido
y fuerte, el titán de los insectos de Chile.
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Hay que recordar además que el Premio Nobel de Literatura
chileno leyó un número significativo de libros sobre
flora y fauna --así como diversos ejemplares de historia
y geografía de América Latina--, para escribir una
de sus obras más universales, el Canto general.
Jack London merece una mención aparte, pues fue uno de los
primeros escritores que manifestaron su repudio por el desamparo
y la explotación de que eran víctimas los animales:
"Cada vez que en cualquier sala de espectáculos se presente
al público un número de animales sabios, haced constar
vuestra protesta levantándoos y saliendo de la sala hasta
que el número haya terminado". Esto dice en el prólogo
de Un perro de circo, novela donde narra la tragedia de un
perro amaestrado, es decir, "sabio".
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