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| PERROS/CRONICAS/LOS
PERROS Y LA PRENSA ESCRITA |
Los perros y la prensa escrita
Salvador Avila
En septiembre de 1997, el reconocido caricaturista mexicano Eduardo
del Río, Rius, escribió, a propósito
de un viaje realizado a la capital chilena, lo siguiente:
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Lo que me ha impresionado de Santiago es su tristeza, no
sólo por sus edificios grises o porque sea invierno,
sino por la expresión de la gente. Veo en sus caras una
gran tristeza y un gran desencanto, como si aún no hubiera
lugar para el optimismo. Y me ha impresionado terriblemente
que no hay perros, y un mexicano no puede concebir una ciudad
sin perros. |
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Desde
que existe la prensa escrita en nuestro país, los perros
han ocupado un lugar, a veces privilegiado, en sus páginas.
Al representar un problema de índole sanitario, económico
y hasta político, los periódicos del siglo XIX, fueran
efímeros o de mayor permanencia, no los ignoraron. A través
de ellos se divulgaban los más extraños remedios contra
la hidrofobia o se trataba de informar a los lectores que
por cierto eran una minoría, pues hasta bien entrado el siglo
XX sólo 1 de cada 10 mexicanos sabía leer sobre
los inconvenientes de que los perros vagaran por las calles. La
Ley de contribuciones sobre canales, casillas de pulque, venta
de licores, carruajes, caballos y perros, expedida por el entonces
presidente Santa Anna el 3 de octubre de 1853, y que obligaba a
todos los que tuvieran perros a pagar un peso mensual por cada uno,
se difundió durante varios días por los periódicos
de mayor circulación de la capital.
El francés Ernesto Masson, quien llegó a la capital
de la recién estrenada República en 1824 y murió
en Tacubaya en 1869, fue uno de los primeros en salir en defensa
de la raza canina. Masson fue un polemizador infatigable e hizo
de la prensa de la capital su mejor vehículo de expresión.
A lo largo de la década de 1860, escribió en El
Monitor Republicano pequeñas glosas rubricadas bajo el
seudónimo de El francés de los perros. En ellas se
oponía a la crueldad contra estos animales y destacaba al
mismo tiempo las expresiones de inteligencia de los perros sin dueño.
Antes que él, en 1850, Francisco Zarco, liberal entre los
liberales, publicó en el Presente Amistoso El perro
del ciego, un breve y conmovedor relato que termina con esta exclamación:"¡Un
perro! ¡Ah!, y si tenéis un perro, un perro nada más,
bendecid al que lo dotó de un instinto que lo hace amparaos
y protegeros.
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