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| PERROS/CRONICAS
PERRUNAS/HALLAZGO DE UN VIEJO LIBRO |
Hallazgo de un viejo libro sobre perros
Salvador Ávila
En
la última Feria del Libro del siglo veinte, en el Palacio
de Minería, una entrañable amiga que sabe de mis obsesiones,
encontró en un local de libros de ocasión -así
le llaman ahora a los comercios de libros viejos-, un ejemplar pequeño
y deteriorado, de apenas 63 páginas, que se titula El
perro en la naturaleza, en la historia y en el arte. Su autor
es Marcel Uzé y fue editado por Larousse, en Italia, en 1952.
Dos terceras partes de la obra la constituyen fotografías
en blanco y negro de ejemplares de razas caninas, de cuadros de
pintores famosos y de esculturas y monumentos, donde el perro es
el motivo principal. El resto del libro lo componen las breves pero
pulcras reflexiones del autor, quien sigue el rastro de los perros
en diferentes ámbitos y momentos.
El obsequio fue recibido como una valiosa contribución a
la biblioteca perruna que poco a poco estoy construyendo, y en donde
figuran, por cierto, algunos volúmenes que se refieren al
perro en las manifestaciones artísticas, como The Illustrated
Dog, de Tom Howard y Los perros en el arte. Del rococo al
posmoderno, de Robert Rosenblum.
Del libro de Uzé proviene el bello texto que reproduzco.
Los perros en el arte
Los perros ocupan un lugar en el arte de todos los países
y de todas las épocas. Figuran en las escenas de caza de
los bajorrelieves asirios lo mismo que en los tapices que representan
al emperador Maximiliano y al rey Francisco I cazando. Se les encuentra
como tótems gigantescos en la civilización precolombina;
corren alrededor de las ánforas griegas; vuelven su cabeza,
como para lanzar un ladrido fantástico, en los jades y porcelanas
del lejano Oriente. Se les ve al pie de las diosas de mármol
o de bronce --Diana o Venus--, junto a Dafne, Procris o Endimión
dormido. En el templo dedicado a Juno en el Capitolio, figuraba
un perro de bronce lamiéndose una herida, y los guardianes
respondían con su cabeza de la conservación de esta
obra maestra.
Reyes y princesas, como Enrique III de Francia, Felipe IV de España
y Enriqueta de Inglaterra, se hicieron retratar repetidas veces
con uno o varios perros, e incluso con sus jaurías.
Desportes, a quien sucedió Oudry, era considerado como el
retratista oficial de los perros de Luis XIV: perros de la corte
y jaurías reales. Muchos pintores, de los que citamos al
azar a Murillo, Watteau, Le Nain y Goya, han reservado en sus cuadros
un lugar al perro. Sin hablar de los especialistas como Pablo de
Vos, Juan Fyt, Snyders y, en el siglo pasado, José Stevens,
que iba a observar las expresiones de estos cuadrúpedos,
amigos del hombre, a un mercado de perros.
El pintor inglés Landseer ha dado su nombre a una raza de
perros. El perro que acompañaba a San Roque, y que diariamente
le llevaba el pan a su retiro de ermitaño, figura en las
vidrieras de las iglesias; también figura el perro en los
sepulcros como símbolo de fidelidad. Lo cual no ha impedido
que se le considere al mismo tiempo como la imagen de Satanás:
el perro de lanas de Fausto era encarnación del diablo.
Semblanza del autor
Comentarios al autor: avgsalvador@hotmail.com
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